Desde sus inicios en 1896, las ciudades anfitrionas han considerado los Juegos Olímpicos de hoy en día como una oportunidad para proyectar al mundo una imagen específica de sí mismos, para subsidiar grandes proyectos de infraestructura o para desarrollar rápidamente planes de reurbanización. Más allá de los llamativos estadios de los que se habla con frecuencia, hay una historia compleja de urbanismo olímpico, que abarca los desarrollos a gran escala catalizados por el evento. Explorando el legado urbano y arquitectónico de las olimpiadas, las historias de éxito, los elefantes blancos y las agendas administrativas, a continuación se analiza lo que los Juegos Olímpicos dejan en las ciudades anfitrionas.

 

Urbanismo olímpico

Estadio Nacional de Japón por Kengo Kuma And Associates. Imagen © Japan Sports Associate

Con comienzos bastante humildes, los Juegos Olímpicos se han expandido significativamente a lo largo de los años a medida que se incluyeron nuevos deportes, más países se unieron al evento y el número de atletas creció, lo que requirió infraestructura adicional ocupando áreas urbanas más grandes. Las opiniones sobre el valor de albergar los Juegos Olímpicos están divididas, ya que algunos consideran que la inversión aporta pocos beneficios a la ciudad, mientras que otros la ven como una oportunidad fantástica para mejorar la infraestructura, crear viviendas y traer nuevos negocios a lo que generalmente es un área subdesarrollada.

Organizar los Juegos Olímpicos es ahora una inversión enorme que pocas ciudades pueden permitirse. Además, las numerosas historias de «fracasos olímpicos» han comenzado a disuadir a las ciudades de asumir el desafío. Las ofertas para albergar las olimpiadas han disminuido con el tiempo, ya que el evento se encareció con cada edición. Siendo que en las olimpiadas de 2004, 11 ciudades competían por ser las sedes, para la edición de 2020, solo había cinco. No obstante, las decisiones de planificación vinculadas a los Juegos Olímpicos tienen efectos duraderos en el desarrollo, la economía y el paisaje urbano. La ciudad anfitriona capitaliza el evento, generando un desarrollo urbano significativo o termina con una variedad de megaestructuras con uso limitado después de las olimpiadas. Por lo tanto, la adaptabilidad y flexibilidad del plan maestro son primordiales para el valor agregado a largo plazo de los Juegos Olímpicos para la comunidad.

El legado de las olimpiadas

Uno de los mayores éxitos del urbanismo olímpico fue la edición de Barcelona de 1992, cuando la ciudad utilizó el evento para catalizar una importante renovación urbana. El resultado fue muy elogiado y otras ciudades anfitrionas han intentado replicarlo desde entonces. El plan maestro implicó la reutilización adaptativa del tejido histórico, el desarrollo de la playa que la ciudad ahora puede capitalizar y la creación de las carreteras de circunvalación que redujeron significativamente el tráfico en el centro de la ciudad. Además, la ciudad decidió extender las sedes por la región de Cataluña en lugar de desarrollar un Parque Olímpico, creando una premisa de futuro sostenible para los edificios heredados.

EG FocusCC BY 2.0, a través de Wikimedia Commons. ImageLondon Olympic Park

Londres se dispuso a replicar este modelo invirtiendo en Stratford, un área subdesarrollada de la ciudad, en un intento por suavizar la desigualdad y reequilibrar la economía dentro de la metrópoli. La visión de la Villa Olímpica se formó en torno a la idea de que las olimpiadas deberían dejar atrás el marco para un nuevo vecindario vibrante con todas las comodidades necesarias, incluidas áreas comerciales, un parque e infraestructura de transporte. Los Juegos de Río de Janeiro tuvieron un desenlace diferente. El plan incluía amplias obras de infraestructura, nuevas líneas de metro, reparaciones de puertos e incluso limpieza de una bahía. Sin embargo, lo que quedó atrás para el mejoramiento de la comunidad fueron nuevos enlaces de transporte y una zona portuaria renovada, lo que generó la pregunta de si Río de Janeiro se benefició del evento a largo plazo.

El problema de los elefantes blancos

Olympic Radical Park Rio 2016 por Vigliecca & Associados. Imagen © Gabriel Heusi
Olympic Radical Park Rio 2016 por Vigliecca & Associados. Imagen © Gabriel Heusi

En la vanguardia de la conversación en torno a la arquitectura olímpica están las instalaciones deportivas, que en su mayor parte, se convierten en un rompecabezas para la ciudad anfitriona posterior al evento. Tanto la edición de Atenas en 2004 como los Juegos de Beijing en 2008 crearon un conjunto de edificios que se abandonó en gran medida después del evento debido a la gran escala de las sedes, la función limitada y los altos costos de mantenimiento. El plan de Atenas de mantener solo las sedes necesarias y convertir las demás se quedó corto unos años después de los Juegos Olímpicos debido a la crisis económica de 2008. De manera similar, para la edición de 2016, Río de Janeiro había diseñado sedes específicas para el desmontaje, si el plan no resultara como lo esperaban. Alternativamente, el estadio principal de Londres diseñado por Populous ha abordado el problema del elefante blanco creando la posibilidad de reducción, con una sede central para uso permanente y una estructura temporal que se eliminará después de las olimpiadas. Se empleó la misma estrategia con otras instalaciones deportivas. Al mismo tiempo, el plan maestro de los Juegos Olímpicos de Londres estableció los lugares que probablemente no se utilizarán después de los Juegos Olímpicos como temporales o flexibles y mantuvo solo los elementos que servirían a la comunidad.

Las villas olímpicas

London Olympic Village of 2012, now part of East Village

Además de las instalaciones deportivas, que para los Juegos de Verano suman alrededor de 35, uno de los aspectos heredados más importantes del evento es la Villa Olímpica, que proporciona alojamiento y comodidades a los atletas y su personal. Los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 fueron los primeros en crear una villa olímpica diseñada para luego convertirse en vivienda, lo que marcó la tendencia adoptada por todas las ediciones posteriores. Hoy en día, el desarrollo necesita albergar alrededor de 11.000 atletas y 5000 empleados, lo que requiere alojamiento, instalaciones médicas, espacios de entrenamiento e infraestructura para viajar. Para los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, se construyeron viviendas para los atletas en el campus del Instituto de Tecnología de Georgia, que luego se convertiría en viviendas para estudiantes. La edición de Sydney 2000 diseñó un suburbio residencial, temporalmente convertido en alojamiento para atletas. Las unidades de vivienda se terminaron después de las olimpiadas, y el área ahora constituye un lugar codiciado.

El tema del urbanismo olímpico es amplio, con cada edición un complejo estudio de caso arquitectónico, social y urbanístico. Los ejemplos muestran cómo los Juegos Olímpicos han impulsado el desarrollo de algunas ciudades y han resultado ser una apuesta perdida para otras. A medida que el evento se convierte en una apuesta de inversión, el Comité Olímpico Internacional trabaja para hacer de los Juegos Olímpicos un evento sostenible. Queda por ver cómo se comportará la arquitectura de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 después del pase de las olimpiadas.


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