A diferencia de la mayoría de los animales, los bebés humanos no nacen de forma autónoma y necesitan de una serie de cuidados en los primeros años de vida para sobrevivir. En los meses posteriores al nacimiento, todavía somos incapaces de alimentarnos, movernos o expresarnos adecuadamente. Poco a poco, el bebé, que parecía completamente fuera de contexto, comienza a interactuar con personas y objetos, y todo se vuelve enormemente interesante para ser explorado. Por trivial que parezca, en este momento el cerebro del niño está haciendo miles de sinapsis, generando nuevas conexiones y respondiendo a los estímulos del mundo. Los investigadores han descubierto que es durante la infancia cuando formamos partes del cerebro que influirán directamente en el individuo como adulto.

El aprendizaje se lleva a cabo mediante la imitación y la exploración de superficies y objetos. Especialmente en los grupos de edad temprana, es a través del juego que el niño mejora la comunicación, aprende a relacionarse, desarrolla la creatividad, mejora las funciones cognitivas y motoras, entre muchos otros beneficios. Lamentablemente, en un mundo cada vez más urbano, este contacto con otros niños, con la naturaleza y con estímulos variados se ha dificultado. Esto sin mencionar la pandemia del Covid-19, cuyos impactos en la salud mental de los niños y futuros adultos aún no pueden medirse con exactitud. Conversamos con Jeanette Fich Jespersen, Gerente Internacional del KOMPAN Play Institute, sobre cómo los parques infantiles pueden mejorar el aprendizaje y el desarrollo de los niños en las ciudades, a través de juegos que estimulan los sentidos y fomentan su desarrollo motor e intelectual.

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Cortesia de UrbanPlay

Los juegos infantiles utilizan todos los sentidos: tacto, vista, oído, olfato y gusto. Pero hay dos sistemas adicionales, desarrollados en el juego, que son cruciales para mover nuestros cuerpos de manera segura a nuestro alrededor: los sistemas cinestésico y vestibular.

El informe Sensory Play: The Why, How and What of Sensory Stimulating Playgrounds, señala que el sistema cinestésico registra la ubicación de las diferentes partes del cuerpo y cuánta fuerza necesitamos para movernos con precisión, por ejemplo, al subir escaleras. La propiocepción nos revela dónde y con qué fuerza se mueven nuestras extremidades sin tener que verificarlas todo el tiempo. El sistema vestibular nos ayuda a mantener el equilibrio y recuperar nuestro sentido de la dirección cuando tropezamos, giramos con fuerza en un carrusel o nos inclinamos boca abajo. Los sistemas vestibular y cinestésico están entrenados intensamente para trepar, colgarse, resbalar, balancearse y girar.

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No es exagerado decir que diseñar un juego para niños requiere de una enorme atención y responsabilidad, ya que se ocupa de su seguridad y favorece directamente el desarrollo humano. La empresa danesa KOMPAN ha estado construyendo parques infantiles desde la década de 1970, realizando una extensa investigación para hacerlos más inclusivos e interesantes. Según Jeanette Fich Jespersen:

El proceso de diseño detrás de los equipamientos es participativo, basado en el usuario y centrado en el usuario. Los niños participan como usuarios, informantes, probadores y co-diseñadores, dependiendo del grado de innovación para el que estemos diseñando. En cuanto a los parques infantiles, proyectamos en estrecha colaboración con los resultados de nuestras investigaciones, a partir de observaciones de juegos y proyectos innovadores, así como de estudios y directrices provenientes de todo el mundo. En KOMPAN, tenemos una tradición que se remonta a décadas de trabajo interdisciplinario. Contamos con investigadores, arquitectos, arquitectos paisajistas, diseñadores industriales, ingenieros y artesanos trabajando juntos para crear el próximo proyecto lúdico.

A través de estas investigaciones, la empresa analiza las nuevas posibilidades de diseño y su impacto en la vida de sus pequeños usuarios. Por ejemplo, se realizó un interesante estudio en relación al gasto energético de los niños y niñas en edad escolar. Los estilos de vida sedentarios y la obesidad afectan a una gran parte de la población mundial, y los niños no se quedan fuera. Se ha demostrado que el equipamiento y la cantidad de tiempo que los niños pueden jugar libremente varía significativamente de una escuela a otra, y tiene una mayor influencia en su nivel de actividad física que otros factores demográficos como el tipo de escuela, el sexo de los niños, su edad o IMC, el IMC de los padres, su nivel de actividad o sus ingresos.

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También se tiene en cuenta la inclusión de niños con necesidades especiales. Jespersen aporta un enfoque interesante al tema:

A todos los niños les encantan las emociones. Les encanta la sensación de bienestar sensorial, por ejemplo, recostandose sobre una superficie blanda o sintiendo diferentes materiales. Trabajamos con un enfoque de diseño universal y la consideración principal de la planificación es respetar que todos los niños necesitan jugar y encontrarse entre sí, y que se necesita un entorno bien pensado para adaptarse a esto.

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«En cuanto a los equipamientos y áreas de juego, un enfoque de diseño universal significa que los planificadores consideran que algunos usuarios utilizarán dispositivos auxiliares o sillas de ruedas y que otros puedan tener condiciones sensoriales y que prefieran retirarse a zonas más silenciosas. Por último, es importante recordar que en los parques infantiles los usuarios no son solo niños: los padres con discapacidad también usan los parques infantiles. En términos prácticos, esto significa que se debe proporcionar accesibilidad, dentro y fuera del parque infantil y también en sus equipamientos. Para un enfoque de diseño inclusivo o universal, es bueno planificar elementos de juego accesibles al nivel del suelo».

El mundo cambia rápidamente, al igual que la infancia. Los niños y niñas de hoy, por ejemplo, llevan estilos de vida mucho más sedentarios que las generaciones anteriores. Crecen predominantemente en ciudades y llevan vidas más aisladas. La vivienda urbana representa un nuevo desafío para la libertad de movimiento de los niños y el espacio que tienen para jugar. Por lo tanto, necesitamos diseñar equipos y entornos de juego que satisfagan las necesidades del mundo y de los niños de hoy. Estos pueden ser, solo por nombrar algunos, más juegos sociales, más estimulación sensorial o, alternativamente, eventos lúdicos más emocionantes para motivar la actividad física voluntaria. Sin embargo, los juegos tradicionales, en el mejor de los casos, probablemente no tendrán fecha de vencimiento. Son eternamente interesantes, ya que apelan a la necesidad esencial de los niños de vivir experiencias sensoriales como la emoción, la exploración y la estimulación táctil y motora. Pensemos en los columpios y los toboganes y en cómo los niños y niñas los adoran.

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Se ha demostrado que jugar es una forma de aprendizaje extremadamente eficaz. Según Anna Jean Ayres, terapeuta ocupacional y psicóloga educativa estadounidense, conocida por su trabajo sobre la teoría de la integración sensorial, «el juego consiste en respuestas adaptativas que hacen que suceda la integración sensorial». Los niños que pudieron jugar, explorar y gastar energía se volverán más creativos, tendrán una mejor forma física, más autonomía y una mayor fuerza de voluntad para enfrentar las demandas del futuro. Los parques infantiles urbanos les permiten ser niños en el momento adecuado, y les entregan las condiciones para que se desarrollen y aprendan jugando.


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