La Edad del Hierro comienza en el año 1200 a.C. aproximadamente. Este periodo se caracteriza por el descubrimiento de este metal y la creación de herramientas en base a este. Este periodo es considerado el primer periodo metalúrgico de la prehistoria, siendo el sucesor de la Edad de Cobre y la Edad del Bronce.

Al principio de la Edad del Hierro no hubo ningún cambio significativo, hasta que se descubre cómo extraer y trabajar el hierro de forma productiva mediante la forja. Las civilizaciones que poseían armas de hierro eran más prósperas y ganaban las batallas. Además se fabricaron instrumentos de agricultura como la hoz, que permitieron trabajar más suelos. Este material permitió la construcción de nuevos edificios y las ciudades fueron cada vez más modernas.

El acero llegó tiempo después, cuando se descubrió la aleación de hierro y carbono. Este nuevo material se convirtió en el preferido para elaborar armaduras y armas, pero no era fácil de fabricar y su producción era muy lenta. A mediados del siglo XIX el ingeniero Henry Bessemer revolucionó la fabricación de este material.

El convertidor de Bessemer facilitó mucho la obtención del acero. Este aparato, que convierte el arrabio en acero, consistía en una gran caldera recubierta de acero cuyo interior estaba forrado por un material que soportaba el calor y el fuego. Con este convertidor se consiguió producir grandes cantidades de acero. Desde ese momento se pudo utilizar para muchas más cosas y fue cuando la construcción empezó a beneficiarse de este material.

Hoy en día el acero desempeña un papel clave en las sociedades contemporáneas: se trata del material preferido para muchos sectores industriales, así como una solución clave en términos de sostenibilidad. Consideremos, por ejemplo, la industria de las maquinarias mecánicas o la relativa al sector automovilístico, donde el acero representa aproximadamente entre el 12% y el 14 % de la producción mundial.

Además de la industria de la construcción, que es el sector más importante del acero (según la World Steel Association), los aceros estructurales representan más del 50% de la producción a nivel global. Se trata sin duda de un material único en términos de propiedades mecánicas, así como una opción sostenible para la arquitectura moderna en términos de eficiencia, flexibilidad, durabilidad y reciclabilidad.

La eficiencia de los aceros estructurales, así como su durabilidad, está profundamente vinculada con sus propiedades mecánicas: es sin duda un material mucho más fuerte que otros y también dispone de una relación fuerza/peso mucho mejor. El resultado son edificios más ligeros que equivalen a fundiciones menos extensas y costosas. Además, todas estas propiedades mecánicas se mantienen estables a lo largo del tiempo y están garantizadas dentro de una cadena de producción certificada.

De la misma manera, el acero es un material que puede absorber la energía sísmica cuando está respaldado por detalles arquitectónicos específicos, gracias a su resistencia intrínseca. También, puede combinarse con éxito con otros materiales de construcción para diseñar y crear soluciones arquitectónicas que representan una fusión impresionante de estética, fiabilidad y tecnología.

Por último, pero no menos importante, cabe mencionar que el acero es 100% reciclable y sostenible. A causa de todas estas propiedades, el acero es conocido por ser un material muy funcional y adaptable.

Los productos planos y arqueados de acero al carbono laminados en caliente, laminados en frío y galvanizados se caracterizan por poseer propiedades mecánicas específicas, en particular, un alto límite elástico, así como una excelente tenacidad y soldabilidad.

 


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