La película Tierra firme (2017), del director Carlos Marques-Marcet, narra la historia de una pareja de mujeres y los distintos momentos por los que atraviesa su relación. A sus 38 años, Eva desea ser madre, mientras Kate no quiere que un bebé altere su vida de pareja en su vivienda-barco en los canales de Londres. Los avatares de una familia normal, con la peculiaridad de que sus miembros viven en una casa flotante.

El planeta Tierra tiene una superficie superior a 510 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales el 71% están cubiertos por agua. Es decir, la superficie terrestre que puede ser habitada por el hombre se reduce a algo más de 149 millones de kilómetros cuadrados.

Asimismo, en poco más de 200 años, la población mundial ha pasado de 1.000 millones de personas del año 1800, a los 6.000 millones del 2000. Una década después, en octubre de 2011, había aumentado hasta los 7.000 millones. De acuerdo al ritmo de crecimiento, algunos estudios estiman que, en 2050, la población mundial podría superar los 11.400 millones y los 15.300, en 2100.

En ciudades como Madrid, la escasez de suelo construible, la lentitud y paralización de algunos proyectos urbanísticos -sólo Madrid Nuevo Norte y losDesarrollos del Sureste suman más de 116.000 nuevas casas- y la subida del precio de la vivienda, tanto de alquiler como de compra, complican la entrada en un hogar tradicional. Ante este panorama, ¿pueden ganar adeptos las casas flotantes? ¿Llegará el día en el que se construyan barrios de viviendas acuáticas en el mismo río Manzanares? La idea de un hogar en el agua no es tan descabellada como parece.

Existen varias comunidades de casas flotantes alrededor de globo. Una de las más importantes por número de viviendas es la que se localiza en la ciudad de Ámsterdam (Países Bajos), con más de 2.500 barcos repartidos en sus 100 kilómetros de canales. Esta curiosa forma de alojamiento surgió tras la II Guerra Mundial. La modernización de la flota holandesa trajo consigo la inutilización de muchos navíos a los que había que buscar un nuevo uso.Esto, unido a la escasez de hogares tradicionales, propició el nacimiento de esta modalidad inmobiliaria. En la actualidad, está tan extendida en el país que no queda ni un hueco libre para amarre. Quienes quieran establecerse en el agua, deberán comprar uno de los barcos ya fondeados.

También Sausalito, una pequeña población situada justo en frente de San Francisco (California, EEUU), al otro lado del mítico Golden Gate, es conocida por su comunidad con más de 400 casas flotantes. Fue también durante la II GM cuando nacieron este tipo de construcciones en las que se alojaban los empleados del astillero. Cuando terminó el conflicto bélico, los trabajadores se fueron y pasaron a ser ocupadas por hippies que crearon una comunidad colaborativa. Hoy, la mayoría tienen categoría de mansión y pueden alcanzar el millón de dólares.

Sostenibles y de diseño

Lejos quedaron las modestas embarcaciones en las que los pescadores hacían noche durante sus travesías por alta mar. Sostenibilidad, materiales ecológicos y todo lujo de detalles definen las nuevas casas flotantes.

En 2015, la empresa portuguesa Friday, con más de 30 años de experiencia en el desarrollo de proyectos de ingeniería naval, decidió lanzarse a la fabricación de casas flotantes. Así nace su FloatWing. Se trata de una plataforma con un ancho fijo de seis metros y cinco longitudes distintas que van de los 10 a los 18 metros, lo que permite distintas posibilidades en función del uso deseado. Desde un acogedor estudio a una casa de tres habitaciones y completamente amueblada, siempre construidas con tecnologías de bajo impacto medioambiental y materiales sostenibles. Además, su diseño modular facilita almacenarla en dos contenedores y llevarla a casi cualquier lugar del mundo.

Para cada tamaño se pueden establecer cinco tipos de niveles: cero, sin espacios interiores, por lo que sólo funciona como embarcación de recreo; uno, dos y tres (preparadas para vivir siempre que estén amarradas a un puerto deportivo); y cuatro, totalmente independiente (gracias a sus dos motores de 25 caballos puede alcanzar una velocidad de cinco kilómetros por hora) y energéticamente autosuficiente durante siete días.

Entre otros extras, incluye una cocina completamente equipada; bodega; barbacoa en la terraza superior para disfrutar de los días soleados y chimenea donde acurrucarse frente al fuego en las noches frías. El precio varía de un modelo a otro, pero parte de los 70.000 euros y puede alcanzar los 260.000 euros.

Prototipo ‘made in Spain’

España no cuenta con tradición en este tipo de proyectos y hace poco tiempo que han aparecido las primeras empresas que fabrican casas flotantes, como Home Aboard. En 2014, «ante el exceso de edificación y la falta de suelo urbanizable en determinadas zonas, sobre todo costeras, decidimos crear Home Aboard», explica Antonio Martínez, copropietario de la primera casa flotante española.

Situada en el puerto deportivo Marina Salinas de Torrevieja (Alicante), tiene capacidad para ocho personas y «puede utilizarse como primera, segunda residencia o alternativa a un hotel». Cuenta con cuatro dormitorios, dos baños, cocina, salón y una terraza con solárium de 62 metros cuadrados. Entre su equipamiento, dispone de agua caliente, paneles solares, aislamiento térmico y acústico, y puede generar energía a través de geotermia.

Este primer prototipo, que tiene un precio de 100.000 euros, carece de motor y no puede navegar. «Hemos pensado su uso en puertos, ya que funcionan como una urbanización sobre el mar y cuentan con servicios como luz, agua y seguridad», comenta Martínez. Eso sí, el cliente puede personalizarla a su gusto y añadir motorización o los extras que quiera, con el consiguiente aumento de precio. También se puede alquilar desde 100 euros la noche.

Para quienes prefieran disfrutar de las casas flotantes por temporadas y seguir viviendo con los pies en la tierra en un hogar tradicional, el negocio del alquiler también ha llegado a este sector. Book a Houseboat es la primera comunidad mundial de arrendamiento de casas flotantes. El servicio funciona como la plataforma de alquiler vacacional [tradicional] Airbnb. Desde la India a Las Bahamas, pasando por Canadá, Alemania o Finlandia, su catálogo incluye 277 embarcaciones (con unos precios entre 55 y 1.604 euros por noche, en función de sus características y dimensiones) alrededor del mundo, siendo Ámsterdam el destino más popular, con 107 alojamientos.

Aventura, sensación de libertad y la posibilidad de contemplar unos paisajes increíbles son algunos de los atractivos de este tipo de construcción. «Disfrutar de las vacaciones en una casa flotante no se parece a nada de lo que se haya hecho antes«, explican en la web. Ya sabe, elija vivienda y suba a bordo.


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